Por primera vez utilizo esta cuenta para referirme a otra cuestión que no sea la específica a mi función como Vocal en el Ente Regulador de los Servicios Públicos (ERSeP). Como dirigente de esta fuerza política me siento en la obligación de hacer conocer, de manera clara y contundente, nuestro posicionamiento sin caer en la antipática e incómoda pretensión de que algún medio gráfico proceda a su publicación.
  
La Argentina de los fanáticos
Por Juan Pablo Quinteros / Vocal del Ersep por el Frente Cívico  
 
Dos meses atrás, ni bien estalló el escándalo Ciccone (Boudou, Vanderboele) el Senador Nacional Luis Juez  propuso, con un proyecto de Ley, la expropiación de la polémica imprenta de valores, entre otras cosas, para que los argentinos supiéramos de una vez por todas quién era su dueño. En el mismo sentido,  Pino Solanas, referente de Proyecto Sur, actuó con otra propuesta. Ni Juez ni Solanas pueden ser sospechados de kirchneristas, porque ambos contribuyeron a la creación del FAP, única alternativa progresista capaz de enfrentar al poder de la billetera Rosada.

No es el caso del gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, quien alcanzó el sillón del malnacido Centro Cívico en un acuerdo con el kirchnerismo, pacto que incluía su apoyo a la reelección presidencial, ceder las diputaciones nacionales y armonizar la Caja de Jubilaciones, que no es otra cosa que destruir el 82% móvil que beneficia a los jubilados  cordobeses.

El gobierno K, en una movida desesperada, se apropió de la idea estatizadora de Ciccone y a renglón seguido, aquello que había sido una “inteligente propuesta” pasó a ser, para  la corporación mediática Clarín, un elemento que servía para acusar a Juez  de ser funcional al Gobierno Nacional.

Repitiendo el “estilo Cristina”, la banda de Magnetto apuntó al líder del Frente Cívico de partícipe de la maniobra oficialista  para salvar a Amado Boudou, el vicepresidente del escándalo. “Si no estás conmigo, estás en mi contra”, razona “el gran diario argentino” al igual que lo hace la Presidente. Ambos, con sus miradas totalizadoras pretenden esconder que en Argentina hay una alternativa al populismo corrupto y al conservadurismo ruin.

El kirchnerismo nos tiene acostumbrados a apropiarse de causas nobles y presentarlas, maquiavélicamente, como propias. Veamos: con los Derechos Humanos cooptó a  importantes dirigentes y organismos que en plena dictadura se jugaron el pellejo enfrentando a los esbirros de Videla, Massera y Agosti, representados en nuestro alrededor por el nefasto Menéndez. Ocultaban así los tiempos en los que los Kirchner, Néstor y su esposa, se dedicaban a rematar viviendas en la olvidada Río Gallegos.  Cristina desde su poder heredado se apropió de la Asignación Universal por Hijo (AUH), otro ejemplo a tener en cuenta; y cuando digo Universal, es para todos y todas,  sin excluir caprichosamente a los chicos cuyos papás lleguen a los cinco mil pesos de sueldo, como si “semejante” salario fuera equiparable a la millonaria fortuna K.

Cuando el país se caía a pedazos -pleno 2001- Elisa Carrió y Marcela Bordenave, viuda de Germán Abdala, fundador de la CTA-, junto a Elsa Quiroz, Alfredo Bravo, Héctor Polino y Mario Cafiero, entre otros, proponían declarar la “emergencia social en el territorio nacional para garantizar que ningún hogar quedase por debajo de la línea de pobreza –la establece el INDEC-  mediante una renta mínima a la que se asignaban no sólo efectos sociales” sino reactivadores de la economía. La iniciativa proponía consultar a la población si estaba de acuerdo o no con la creación de un seguro de empleo, una asignación mensual por cada hijo y una pensión para las personas no amparadas por el régimen provisional”. Ni Néstor, ni Cristina figuraron entre los impulsores de este proyecto, pero gracias a los medios del Estado, impusieron la  mentira de que la Asignación Universal  fue una idea de él y de ella.

Otra apropiación bochornosa es el “Matrimonio Igualitario”, al igual que la “Identidad de Género”, normas que resolvieron la orfandad legal por la que atravesaron millones de argentinas y argentinos; ambos proyectos habían sido presentados en 2005 y 2007 por la socialista rosarina Silvia Augsburger. Nada tuvieron que los Kirchner.

A esta altura y sin más razones que brindar, quiero precisar que la alianza presente de Clarín y De la Sota, propietario de un brutal y salvaje proyecto presidencial neoconservador, responde a una coincidencia de intereses. No es casual que gran parte de la pauta publicitaria del gobierno de Córdoba esté dirigida a empresas del “grupo”.

La independencia de la corporación que comanda Héctor Magnetto –con muchos de sus trabajadores en estado de precarización- es una máscara que esconde intereses económicos. Durante el conflicto con el campo por las retenciones móviles a las exportaciones de granos que imponía la Resolución 125,  nunca aclaró ser socio de la Sociedad Rural (SRA) y de las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) en la Expo Agro, la muestra del campo más importante del país.

Es imposible olvidar que Clarín hizo negocios con la última dictadura para conseguir un importante porcentaje de Papel Prensa, en tanto algunos de sus periodistas, por caso  Luis Guagnini, Conrado Ceretti, Daniel Danquen o el corresponsal en Río Cuarto, Jorge “León” Harriague, pasaban a integrar el listado de los desaparecidos de facto.

Ya en luna de miel, Magnetto logró sacarle al presidente Néstor Kirchner la fusión de Cablevisión y Multicanal, unión que la Ley prohibía. A cambio el diario de Ernestina se convertía en el Boletín Oficial de Balcarce 50.

Si dudas existen, veamos: el domingo 3 de febrero de 2008 Clarín publicaba en  exclusiva la reunión mantenida en Olivos –un sitio inexpugnable- la reunión mantenida por Néstor Kirchner y Roberto Lavagna. En su página tres, Clarín titulaba: “Acuerdo político de Kirchner y Lavagna para reorganizar el PJ”; y agregaba: “El acuerdo se alcanzó en dos reuniones realizadas el jueves y viernes en la residencia de Olivos”. Eran tiempos en los que a nadie se le ocurría acusar a Clarín de kirchnerista.

La ruptura de la alianza matrimonial con Clarín ocurrió recién en mayo de ese año, en pleno conflicto por las retenciones. El divorcio se debió a una causa lejana a los piquetes de la abundancia. Durante su visita a México, Cristina quien no reniega su ser capitalista- le prometió al magnate Carlos Slim que el negocio del “triple play” en Argentina no caería en manos de Magnetto, ofreciéndoselo al dueño de  “Claro”.

Con la oposición desmembrada, desunida y fragmentada, Clarín ve en De la Sota a su aliado táctico. Es por ello que lo unge como presidenciable, sabiendo que, una vez más, el destino de los argentinos está ligado a la sempiterna guerra doméstica del peronismo. No es por otra cosa que se blinde  al actual mandatario cordobés, regalándole en sus páginas de hace pocos días el pomposo puesto de líder de una rebelión de gobernadores que no fue ni será. 

Como ciudadano común, consumidor de productos televisivos, elijo no ver 6,7,8; tampoco TN. No compro el cruce dialéctico de Jorge Lanata con Víctor Hugo Morales, porque con matices diferentes hacen exactamente lo mismo: predican el antiadversario. Nuestro país merece y reclama un esfuerzo sobre el cual edificar pilares basados en el decoro y la ética, valores fundamentales para recuperar la República. No comparto las prácticas corruptas ni los negociados de De Vido, Jaime y De la Sota. Tampoco los negociados de Magnetto y sus socios.

Con estas pocas líneas no pretendo esgrimir una defensa personal de Luis Juez Senador; dos motivos son suficientes para explicarlo: nadie podrá dudar que sabe defenderse solo y nadie debería ser arrinconado para defenderse por sostener un ideal. El convencimiento que me mueve es que existe una salida más allá de las falsas opciones que por estos días se plantean: el Frente Cívico de Córdoba.